Cáncer de mama: Cómo enfrentar al gigante

Cáncer de mama: Cómo enfrentar al gigante

En la vida de una persona, hay muchos eventos que cambian la vida. Para mí, esto incluía casarme con mi pareja de toda la vida, ser bendecida con dos hijos maravillosos que además fueran bendecidos con el "gen de estatura alta" y tener talento para jugar baloncesto. Pero resultó que, el suceso que más ha cambiado mi vida fue haber sido diagnosticada con CÁNCER. De todos mis roles en la vida, nunca pensé que una parte importante de lo que hoy soy sería ser orgullosamente "sobreviviente de cáncer".

 Aunque varios familiares cercanos han muerto de cáncer, mi vida, como la conocía hasta ese momento, cambiaría para siempre cuando recibí una llamada de mi médico de cabecera en febrero de 2012. El 16 de febrero de 2012, mientras revisaba mis mensajes de voz, escuché la voz del médico decir: “Sra. Nixon: Cuando reciba este mensaje, llámeme a mi casa".

Inmediatamente pensé: ¿Qué médico te da el número de teléfono de su casa, a menos que lo que tenga que decirte sea algo verdaderamente IMPORTANTE? Mientras viajaba en el carro con mi esposo y mi suegra de camino a un juego de baloncesto de mi hijo mayor, contuve la respiración cuando marcaba el número del médico. Las dos palabras resonaron muy fuerte, incluso todavía: "¡Tienes cáncer!”.

Por unos instantes, mi respiración se detuvo mientras esas palabras impactantes se quedaban grabadas en mi mente. Todo lo que pensaba era: "Estoy de camino al juego de baloncesto de mi hijo, ¿qué quiere decir con que tengo cáncer?". Pensé que lo había dicho en voz alta, pero realmente las palabras no me salieron. Era una conversación conmigo misma, en mi mente que de repente corría a cien millas por hora. En esa llamada, el médico mencionó que había concertado una cita para mí a primera hora de la mañana del lunes para ver a un oncólogo. Sabía lo que era un oncólogo desde que mi madre murió de cáncer de pulmón en 1997 y, mi cuñado, en 2003, y porque mi hermana tuvo cáncer de mama en 2002. Para mí, mi madre y mi cuñado perdieron sus batallas contra el cáncer, y yo no quería perder la mía.

En las semanas siguientes, me encontré con tres de mis oncólogos personales: oncólogo médico, cirujano oncólogo y radiooncólogo. De repente, no fue nada divertido tener tanta "demanda". Tenía muy claro que estaba preparada para luchar contra el cáncer lo mejor que pudiera. Después de todo, justo cuando pensaba que había hecho las paces con el hecho de padecer diabetes, me diagnostican cáncer.

No sabía cómo ni por qué estos dos eventos importantes que cambiaron mi vida me estaban invadiendo. Sin embargo, poco sabía que llegaría a experimentar tantas emociones, incluidas la frustración, la ira, la inspiración y el aprecio por haber tenido que hacer este duro recorrido de vida.

No he conocido a muchos sobrevivientes de cáncer que puedan decir que agradecieran lo que el cáncer les hizo personalmente, pero yo sí. A las tres semanas de haber sido diagnosticada con cáncer, recibí un mensaje espiritual, creo, que me pedían escribir un libro sobre mi experiencia con el cáncer. Irónicamente, el título que escogí fue "Un acontecimiento que cambia la vida: mi lucha contra el cáncer".

Mi primera sesión de radiación de las 33 ½ de las ofrecidas en total fue aterradora y abrumadora. Sentí una oleada de emociones, y hubo momentos, después de mi cirugía y durante mi larga fase de tratamiento, en los que me preguntaba por qué a mí si no me lo merecía. Controlar el dolor de la cirugía, el miedo y la incertidumbre de los tratamientos de radiación y los efectos relacionados es mucho para una persona.

Mientras transitaba entre la cirugía, las seis semanas y media de radiación (cinco días a la semana, todos los días) y los cinco años de tratamiento con medicamentos que acaba de finalizar recientemente, me di cuenta de que, al ser una sobreviviente de cáncer, soy una persona más fuerte. Recuerdo que, debido al cáncer, conocí personas grandiosas e inspiradoras.

Me convertí en parte de una comunidad de mujeres con cáncer unidas en cosas básicas como la fe, el deseo de luchar contra el cáncer, el deseo de no rendirse, que creían que disfrutaríamos de muchos años de vida y, sobre todo, de aceptar el apoyo y la compasión que cada una sintió todos los días que fuimos al tratamiento de radiación.

Durante esta etapa de mi vida, conocí a mujeres que sabían, sin ninguna duda, que habían conocido al ángel celestial asignado a ellas para ayudarlas a superar todas las pruebas que se presentaban. Conocí a un hombre sobreviviente de cáncer que cambió mi entendimiento inicial de que el cáncer no tenía rostro y que no estaba relacionado a la raza o el género. Mi nueva comunidad de sobrevivientes de cáncer deseaba lograr y conservar la etiqueta de "sobreviviente de cáncer", hombres y mujeres por igual.

Hoy me enorgullece decir que desde hace cinco años soy una sobreviviente de cáncer y tengo la bendición de haber contado, durante este recorrido, con el apoyo y la camaradería, de tantas personas fuertes e inspiradoras. Si bien, no he seguido en comunicación con las personas que conocí a lo largo de esa etapa de mi vida, sé que existe una comunidad de sobrevivientes y que me he enfrentado al gigante y que aquí estoy.

Presentado por: Loretta Moore-Nixon

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